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Jnana Yoga

JNANA YOGA Es la fusión con las energías más elevadas de la mente, el despertar y el desarrollo del discernimiento.

 

 
 
LA REALIDAD DEL “YO SOY”, UNA REALIDAD DEL SI
 
“Eso (el Si) esta en movimiento. El Si es movimiento.
El Si es remoto. El Si también esta cerca.
El Si esta dentro de todas las cosas. El si esta fuera de todas las cosas”
ISHA UPANISHAD (1-5)
 
La meditación sobre “Quien soy yo” es uno de los métodos que le permite al yogui revelar en si mismo la realidad de El Alma Propia Suprema Inmortal. Pero en que ubicación de nuestro si tenemos que proyectar esta pregunta para encontrar la respuesta inefable mas rápidamente la cual trasciende cualquier entendimiento mental? Algunos recomiendan el área de la cabeza (Sahashrara – en Shivaismo; Ajana – in Taraka Yoga), otros indican el área del corazón (Ramana Maharishi, Vedanta etc.).
 
En realidad sin embargo, cuando la concentración es profunda, sobreviene el reflejo de estar sujeto a cierta área y en la apertura que crea, la meditación parece establecerse sin ubicación. Desde el punto de vista practico, incluso si empezamos por enfocarnos en el área del corazón, por ejemplo, es necesario que lleguemos a un sentimiento global de nuestro ser, incluyendo el cuerpo físico. Es verdad que focalizar y armonizar en una sensación global tal es mucho mas fácil de darse cuenta si el punto inicial de proyección fue el corazón y no la cabeza, la limitación a una referencia corporal será gradualmente superada y experimentaremos la revelación de que lo que somos no puede ser un objeto. De esta forma se revela dentro nuestro una realidad proveniente de una dirección superior, una presencia muy intima la cual podemos recuperar cada vez que volvemos hacia adentro hacia nosotros mismos, y una presencia que sentimos es el fundamento de cada momento de muestras vidas (que al finalmente descubriremos  cada vez  que a través de  un acto de lucidez nos acerquemos a la verdad de nuestras existencias). Así, nuestras experiencias alcanzaran lo que los yoguis jnana dijeron: el mundo y las conjeturas de nuestra vida están dentro nuestro, pero nosotros no estamos en estas conjeturas. Esta experiencia se asocia a un sentimiento de distancia, de desapego, que nos hace darnos cuenta que todo se percibe por el consciente dentro de el consciente.
 
El corazón es, de acuerdo con la tradición védica, la ultima etapa que tiene que ser superada antes de alcanzar esa extensión en un espacio ilimitado. La meditación sobre el Si  genera una vibración del Misterio de Dios, una vibración que tiene que ampliarse tanto como para conseguir su reverberación en nuestro ser completo, aun al nivel del cuerpo físico.
 
La expansión en el consciente no corporal puede producirse fácilmente cuando nos abandonamos completamente en estas vibraciones, mientras permanecemos muy atentos, sin juzgar, sin comparar, hasta que el objeto de nuestras percepciones (el cuerpo físico) desaparece y una observación desapegada de la percepción misma (de toda la vibración abrazándonos) permanece. Este contraste con la mente la cual es ineficiente en estas situaciones, nos guía a la Realidad del Si Supremo. Verdaderamente esta vibración es diferente a la vibración de cualquier otra manifestación de energía porque, en contraste con estas otras, no hay otra cosa que silencio, una pausa que se revela entre los movimientos de sus vibraciones.
Cuando vivimos la paz que anuncia la experiencia de hundirse dentro del “corazón” de nuestro ser, se abre una inefable perspectiva sobre el Si, sin embargo no debemos confundirla con la experiencia de nuestra propia mente.
 
 
 
LA MEDITACION SOBRE EL SI GENERA UNA VIBRACION DEL MISTERIO DE DIOS
 
Para dirigirnos nosotros mismos con una verdadera examinacion que nos traiga cerca del Si se necesita una cierta madurez espiritual. No podemos responder de una manera racional e intelectual a tal pregunta. Cualquier intento de formar una respuesta llevara a la objetividad. Cuando decimos, por ejemplo, “entiendo” conceptualizamos lo que en realidad es inefable. Mientras, lo que despierta un asombro sagrado, a través del hecho se escapa a cualquier entendimiento, debe fundirse en un  sentimiento de Total divinidad, antes de lo cual nos abandonamos enteramente. En ese momento tenemos el sentimiento de que nuestros se disuelven en el infinito y produce una redirección de nuestras energías que convergen todas hacia la Meta Ultima, hacia la Divinidad Misma.
 
Cuando perseguimos entender y conocer un objeto en particular, el conocimiento intelectual esta lleno completamente una vez que la información se asimila. Es lo  mismo cuando nos referimos al Si, nuestro Si real, este conocimiento debe completarse, lo cual es posible a menos que nuestro ego interfiera – con la personalidad, la mente, los sentimientos, etc.
 
Los yoguis jnanas aseguran que la pregunta “Quien Soy?” se formula espontáneamente en el momento cuando la respuesta ya se nos sugiere. De una manera misteriosa, la respuesta precede a la pregunta. La pregunta real puede emerger solamente en el momento en el cual intuimos la Meta Pura, del Si con el cual logramos identificarnos nosotros mismos, incluso por un momento. De otra forma, la pregunta es formulada por la mente y apunta hacia afuera y no hacia lo último de nuestra esencia.
 
Si en cambio, respondemos “no se”, entramos en un estado de completa apertura, donde no hacemos conclusiones e incluso no buscamos una respuesta, en el sentido usual de la palabra. Sin embrago, allí permanece el sentimiento de algunos reconocimientos profundos que vienen de la mas profunda y mas misteriosa parte de nuestro ser. Aquí no hay anticipación del resultado, ni referencia a lo que referimos, ni deseo de alcanzar cierta finalidad.
 
A pesar de algunas vibraciones de transfiguración, aprendemos a entrar a un completo estado de silencio, listo y receptivo a lo que realmente somos. En un momento dado la Gracia Divina hará caer ese ultimo velo que oculta la Suprema Realidad. La pregunta “quien soy?” así debe asociarse con una experiencia constante y plena, consciente de alguna apertura incondicional, de abandonar todo ante Dios, sin ninguna actividad mental, de cualquier concepto o idea. Así nosotros sentiremos en nuestro completo Ser, y esto incluso tendrá reverberaciones al nivel del cuerpo físico, el hecho de que nosotros somos el entendimiento. Un entendimiento brotando desde las profundidades e nuestro ser, no es de la mente ni de nuestra alma, pero confiere un sentimiento de la Verdad Suprema, de nuestra propia existencia.
 
UNA FORMA DE DESCUBRIR A DIOS DENTRO NUESTRO.
 
La Meta Ultima, este yo soy, existía en nuestra niñez, podemos encontrarlo en nuestra adolescencia, esta presente en nuestra adultez. Todos los estados que atravesamos, las situaciones en las que nos encontramos, lo mismo que cualquier objeto, estamos en un perpetuo movimiento, pero la Meta Ultima yo soy es estable y eterna. Nada puede estar más cerca de nosotros. Existe dentro nuestro aun antes de poder concebirse nociones como “cerca” o “removido”. El Si Supremo es la Meta Ultima; por lo tanto lo que verdaderamente somos no puede conocerse a través de algún método o sistema. Cuando entendemos esto profundamente , se produce dentro nuestro una clase de abandono que penetra nuestro completo Ser y todas las energías mas intimas que antes se pusieron en movimiento por nuestros pensamientos, deseos, la personalidad en general, ellas entran ahora en una armonía trayéndonos paz, en la cual sentimos solamente algún espasmo generado por la indescriptible emoción de la revelación de nuestra existencia. Una emoción de encontrar a Dios,  del Misterio Divino dentro nuestro, una abnegación incondicional y una apertura que puede que cubre todo, la manifestación completa, sin nunca buscar que se detenga o trazar ciertas conclusiones.
Esto es por lo que cuando la mente permanece suspendida y renuncia a cualquier tendencia de entender o categorizar, la fascinante presencia divina del yo soy hace que nos disolvamos completamente. Entonces estamos verdaderamente presentes en nuestra ausencia. Estamos presentes en Verdad, en Pura Existencia y estamos ausentes como el individuo como la personalidad, como el ego, como la imagen que hemos creado de nosotros mismos.
 
Pronunciando la pregunta “Quien soy yo?” nos damos cuenta que la mente no puede abarcar el misterio de esta respuesta; esto es por lo que debemos descartar las herramientas comunes del conocimiento.  Decir “No se quien soy”, puede conducir a abandonar la mente y sus herramientas hacia la presencia pura del Si, entonces el acento se remueve de la preocupación de averiguar, lo cual al principio lo hace conforme a nuestra mentalidad acostumbrada. Así no estamos masen el dominio de nuestros pensamientos, sino en esa de la existencia.
 
Podemos incluso encontrar un criterio y a través de ese criterio volvernos concientes de infiltrarnos dentro de nuestro propio real en nuestra esencia. Hay momentos en los cuales sentimos que existimos pura y simplemente, sin elección, sin selección. Estos momentos de contemplación y de la apertura inocente de nuestro ser favoreciendo el pasaje del estado de observación acostumbrada al estado de testigos concientes y después a la Conciencia Pura. La observación liberada de cualquier juicio crítico (por ejemplo, de algún paisaje o de una criatura) es todavía una actividad cerebral, pero si tendemos a sublimar, despegándonos del instrumento mental, a la Pura Conciencia. Nuestra mente no puede participar de ninguna manera a tal cambio. Para familiarizarnos nosotros mismos con tal atinada percepción pura e inocente un jnana yogui la considera como un acto de amor puro.   
 
BUSCANDO AL INEFABLE, GUIADOS POR LA PREGUNTA “QUIEN SOY”.
 
La pregunta “quien soy” existe en un estado dormido dentro nuestro y emana desde lo profundo del interior para movilizar todo nuestro ser para reconocernos como una existencia divina. Esto es por lo que es necesario volverse concientes de cómo toma forma casi orgánicamente dentro nuestro, en cada momento en el que estamos verdaderamente, estamos dentro nuestro; lo cultivaremos y despertaremos todos los días así se abrirá dentro nuestro el camino hacia el Dios interior.
 
Esta pregunta de algún modo se alimenta desde el silencio que nos arreglamos  para crear  en nuestra mente y nuestro ser algunas veces. Por lo tanto la pregunta “Quien Soy?” nace dentro nuestro por la intuición de la respuesta, la cual en cierto sentido precede la pregunta. Esto es por lo que debemos repetirla sinceramente tanto como sea posible, pero debemos dirigir la mente para no confrontarnos con eso que ya sabemos y con memorias del pasado. Podemos amar, admirar y aceptar esta pregunta intuitiva concerniente a nuestra existencia y gradualmente cesara de tener un carácter conciente objetivo y racional. De esta forma la respuesta llegara a estar viva por si misma, siendo estado indescriptible de inspiración y gracia al mismo tiempo. Porque la respuesta es imposible de estatizarse, nos harán dar cuenta de la trampa de conceptualización y  así tendremos acceso a la totalidad que la Conciencia del Si despierta dentro nuestro.
Además, vivir bajo el signo de esta pregunta, saboreando el estado de misterio que florece dentro de nuestro corazón, pero prohibido de tocarse o contaminarse con cualquier conceptualización, por cualquier nivel del área del conocimiento racional., aprenderemos otra forma de vivir nuestra existencia, en la cual la intuición de la Realidad Ultima siempre prevalece, nos encontraremos en una expectativa constante, en una apertura incondicional frente a este inefable misterio del yo soy.
Así nuestra vida se volverá mas deliciosa, porque este llamado del Si representa la fuente genuina de donde toda nuestra experiencia de vida florece. No se le puede dar nombre de representación, pero es la fuente perpetua de un sentimiento de plenitud.
 
PENETRANDO EL SI LA PREGUNTA RETROCEDE
 
El arte de mantener tanto como sea posible el misterio de Dios en nuestro corazón, junto con la pregunta “Quien Soy?” es una clase de preámbulo a la revelación del Si. Penetrando el Si, por la meditación profunda sobre la revelación del Si las palabras desaparecen y nada permanece más que una espera silenciosa y una apertura donde nada que represente nuestra personalidad o ego puede ser una barrera.
 
Para vivir siempre en intimidad con la pregunta “Quien Soy?” también significa la actitud positiva frente a la existencia. Antes de averiguar cual es nuestra misión espiritual, antes de esforzarse para triunfar en el mundo deberíamos preguntarnos: “Que es la vida?” y “Quien soy?” . Haciendo esto daremos un autentico tono a nuestra existencia, y el cuerpo, pensamientos y emociones que existen se integraran en un camino mas espiritual, en una visión que tiene un carácter impersonal. Seremos el testigo desapegado de nuestros deseos, pensamientos y acciones. Así, nuestra propia misión aparecerá con una iluminación diferente y también entenderemos la escalera de la evolución social, mejora en la salud, etc. Buscando con la inefable guía de la pregunta “quien soy?” puede desorientar algo, Habitualmente existe la tendencia en nosotros de concentrarnos y meditar sobre una cosa, sobre un objeto especifico. La pregunta “Quien Soy?” nos invita a meditar sobre un aspecto que no conocemos; esto es por lo que podemos preguntarnos si es posible meditar así sobre alguna cosa que para el momento no ofrece una manifestación de nuestra mente o sentidos. En realidad, el Si, Nuestra Verdadera Existencia Divina no es un objeto. En tal meditación, y en general en la actitud espiritual despierta y amplificada por la pregunta “quien soy?”, tenemos que volvernos lucidos sin interpretación, sin juicio, hundiéndonos atentamente dentro de un foco mas y mas intimo y profundo de lo que realmente somos.
 
La pregunta “quien soy?” tiene una cualidad muy especial, porque hace a la mente confrontar el estado de vacío. Si tiene la fuerza de no superponer nada sobre este vacío (ni un concepto ni un atributo), allí ocurre la realidad del yo soy, del Si. Esta neutralidad es una condición inseparable. Cuando preguntamos “quien soy?” y mantenemos nuestra conciencia en un estado de disponibilidad, libre de cualquier expresión, le damos a la conciencia la posibilidad de regresar ala Meta Pura, al Si Supremo Atman. Si no le permitimos a la mente mantenerse dentro de apelaciones, inducimos un estado de suspensión completa, que nos permite regresar hacia nosotros mismos, para descubrir el ser  en su pureza original.
 
Esto es por lo que cada vez que la mente tiende a mantenerse en un concepto, en el deseo de explicar y objetivizar la inefable experiencia del Si, es necesario que apelemos a la famosa negación Védica “Neti, neti” (no es esto, no es esto). Tal forma es una eliminación definitiva de todo lo que es conocido, porque por el momento, la experiencia de nuestra autentica naturaleza del Si es algo desconocido. Solamente eliminando lo que es conocido, siendo nuestros pensamientos, percepciones y emociones, aunque es posible para reintegrar el Si Ultimo, La presencia Eterna.   
 
 


 

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